Las elecciones presidenciales de Perú en 2026 han captado la atención internacional por su estrecho margen y la prolongada espera en el conteo de votos. Tras más de una semana de recuento, los resultados preliminares proyectan a Keiko Fujimori, candidata de derecha y líder de Fuerza Popular, como la próxima presidenta del país, con una ventaja superior a los treinta y cinco mil votos sobre su contrincante de izquierda, Roberto Sánchez.
El desenlace refleja una sociedad marcada por la polarización. Sánchez logró apoyo en las regiones rurales y menos favorecidas, mientras que Fujimori consolidó su respaldo en sectores urbanos y entre peruanos residentes en el extranjero. La segunda vuelta del 7 de junio se convirtió en un enfrentamiento entre dos visiones opuestas: la defensa del modelo económico de mercado frente a propuestas de transformación estructural.
Durante su campaña, Fujimori planteó una agenda centrada en dos ejes: una política de seguridad firme contra el crimen y la protección del modelo económico peruano, que ha sido clave para sostener el crecimiento del país en las últimas décadas. Sin embargo, el reto de su gobierno será demostrar que este modelo puede traducirse en mayor inclusión social, oportunidades y presencia estatal en las regiones que se sienten marginadas de la prosperidad nacional.
En el ámbito internacional, el análisis del Atlantic Council destaca que Fujimori es vista como una candidata favorable para los intereses de Estados Unidos, especialmente en materia económica y de seguridad. Su administración podría impulsar un enfoque proempresarial en un contexto de auge de los minerales críticos, donde Perú es potencia mundial gracias a sus reservas de cobre, plata y molibdeno. Además, su posición geoestratégica, con una extensa costa y puertos clave, le otorga un papel relevante en el comercio regional y en la relación con el Asia-Pacífico.
Respecto a la política exterior, se espera que Fujimori mantenga una postura pragmática entre Estados Unidos y China, principales socios estratégicos del país. Durante la campaña evitó alinearse de manera exclusiva con alguna de las potencias, y como presidenta electa probablemente buscará equilibrar las relaciones, priorizando los intereses económicos y la estabilidad institucional de Perú.
El futuro político del país dependerá de la capacidad de Fujimori para construir consensos en un Congreso fragmentado y para demostrar que su visión de desarrollo puede reducir la brecha social. Los analistas señalan que, aunque su victoria no constituye un mandato amplio, existe un optimismo cauteloso respecto a la posibilidad de mayor estabilidad institucional y de un rol más estratégico de Perú en América Latina y el Asia-Pacífico.
Con información de: www.atlanticcouncil.org
