agosto 14, 2026
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Tras tres dolorosas derrotas consecutivas en las que se quedó a las puertas del poder por márgenes muy estrechos, Keiko Sofía Fujimori Higuchi ha alcanzado finalmente el máximo cargo de Perú, la presidencia. La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) ha cerrado el cómputo del 100% de las actas de la segunda vuelta electoral, celebrada el pasado 7 de junio, confirmando que la líder de la derecha conservadora e hija del fallecido expresidente Alberto Fujimori es la nueva mandataria. 

El desenlace agónico se prolongó durante más de tres semanas, debido al escrutinio minucioso de actas impugnadas ante los Jurados Electorales Especiales (JEE). Ahora ya, sin vuelta de hoja, se sabe que Fujimori obtuvo el 50,135% de los votos válidos frente al 49,865% de su contrincante, el líder izquierdista Roberto Sánchez. Una mínima pero irreversible diferencia de 49.641 votos consolida el regreso del fujimorismo al Palacio de Gobierno por la vía democrática, 36 años después de que su padre asumiera el mando por primera vez en 1990. 

«La ONPE ha llegado al 100% de las actas escrutadas. Recibimos este resultado con mucha humildad, prudencia y gran responsabilidad», manifestó la ganadora a las afueras de su residencia en Lima, adoptando un tono notablemente moderado frente a un país profundamente polarizado. Queda claro que Perú tiene dos almas, dos mitades, a tenor de lo expresado en las urnas.

Por su parte, el candidato perdedor, Roberto Sánchez, y sus sectores aliados han lanzado nuevas acusaciones de presuntas irregularidades, avivando la crispación social en un país fatigado por la inestabilidad institucional. No parece que vayan a prosperar y que Perú comienza ya una nueva legislatura con La China, nadie sabe si de cinco años, como marca la constitución, o más reducida, como viene forzando la inestabilidad nacional en tiempos recientes. 

El fin de la maldición del balotaje

Para Keiko Fujimori, de 51 años, este resultado supone la ruptura de un estigma político. En las elecciones de 2011, 2016 y 2021, la candidata conservadora de Fuerza Popular había experimentado derrotas consecutivas en segunda vuelta ante Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski y Pedro Castillo, respectivamente. En todos aquellos escenarios, sus fracasos se decidieron por márgenes inferiores al 1,5%, alimentando una extendida resistencia conocida popularmente como el «antifujimorismo». 

Los críticos bromeaban con frecuencia afirmando que su nivel de rechazo era tan alto que «perdería la presidencia incluso si compitiera contra un panetón», el dulce típico de la Navidad. Sin embargo, los comicios generales de este año han reconfigurado el tablero. En la primera vuelta, celebrada el 12 de abril, Fujimori se impuso con un 17,192% de los apoyos, seguida por Sánchez, con un 12,093%, en un fragmentado pelotón de candidatos: hasta 36 se presentaron, un récord. 

El rompecabezas del gabinete y los desafíos de gestión

La asunción de Fujimori al cargo, el próximo 28 de julio, fecha en la que reemplazará al mandatario interino José María Balcázar, abre un nuevo capítulo lleno de retos para un país que ha tenido nueve presidentes en el transcurso de una década. Aunque Fuerza Popular contará con las bancadas más numerosas tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados, la presidenta electa carece de una mayoría absoluta, lo que la obligará a forjar coaliciones legislativas inmediatas. Y, vista la polarización nacional, no parece una tarea sencilla. 

Analistas políticos y diversos sectores civiles consultados por el diario local El Comercio apuntan a que la prioridad absoluta del nuevo Ejecutivo debe enfocarse en la reactivación económica del país y la lucha «implacable» contra el auge de las bandas del crimen organizado, un flagelo que ha agravado la percepción de inseguridad institucional.

Para recuperar la confianza de los mercados y apaciguar las tensiones con las regiones que votaron masivamente en su contra, la elección de su primer gabinete ministerial será crucial. Fujimori debe resistir la tentación de nombrar un equipo puramente partidista, avisan. En su lugar, la conformación de un gabinete de perfil técnico, con ministros de reconocida trayectoria e independencia política, se perfila como un requisito indispensable para tender puentes hacia el sur andino y proyectar una imagen de estabilidad democrática internacional.

Fuente: huffingtonpost.es

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